Te miro todo el tiempo, sos mi ejemplo a seguir y me doy cuenta que tenés miedo. Aunque sonrías y me digas que todo va a estar bien, que no pasa nada.
Sé que mirás el celular a la madrugada cada 5 minutos para chequear si mi glucemia ya está en rango.
Veo tu cara cuando lees mi curva de glucosa aunque no entiendas qué pasó y me sonreís luego.
Te veo anotar todo, buscar en Google, preguntar, hacer consultas.
Y aunque a veces no te lo diga… GRACIAS.
Gracias por estar sin invadir.
Por acompañarme en los días buenos y en los que no quiero saber nada.
Por preparar meriendas con etiquetas leídas cien veces.
Por las bolsitas con gomitas en cada bolso.
Por llevar siempre más de lo que hace falta, por las dudas.
Yo sé que no es fácil para vos.
Sé que quisieras poder sacarme esto.
Que darías todo por ser vos quien se pinche, quien cuente hidratos, quien escuche la alarma en la noche.
Pero te juro que, aunque esto sea difícil, me siento fuerte porque te tengo a mi lado.
No necesito que seas perfecto.
No hace falta que sepas todo.
Solo te pido que sigas ahí, como hasta ahora.
Que me mires como siempre, más allá del sensor o la insulina.
Que me veas a mí, NO SOLO A LA DIABETES.
Porque aunque yo sea quien la lleva en el cuerpo, vos también la vivís.
Y en este camino, caminar juntos hace toda la diferencia.
Un abrazo muy fuerte a todos los papis que están transitando la diabetes tipo 1 junto a sus hijos, y un abrazo y agradecimiento especial a los míos, que hace más de 20 años hicieron todo lo posible (con la NO tecnología que existía en ese momento) para que yo pueda tener una vida plena y hoy, con mis 31 años, contar con excelente salud.
Con amor,
Sol Bettin