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Lo que no se ve de la diabetes tipo 1.

Carta abierta de una persona con diabetes tipo 1 a otra.

Lo que no se ve de la diabetes tipo 1.

Cuando uno tiene diabetes tipo 1 hay cosas que no se ven. Nisiquiera los que están al lado nuestro lo saben. 
No se ven en las fotos, ni en los posteos felices, ni siquiera en la consulta médica de rutina, y mucho menos en las conversaciones.

No se ve el cálculo mental antes de cada comida.
No se ve la alarma que suena a las 3 de la mañana porque la glucemia bajó.
No se ven los pinchazos en los dedos, los cambios de humor (quizás eso sí lo noten jaja), la mochila invisible que se lleva a todos lados.

Tampoco se ve el miedo.
Ese que aparece cuando tenemos que hacer algo importante y no queremos que nos de ni una hipo ni una hiper.
El miedo a dormir profundamente y no tener síntomas ante cambios en nuestra glucemia, a no tener tiras reactivas/insumos a mano.
El miedo a fallar, aunque uno haga todo bien.

Pero también hay otras cosas que no se ven.

No se ve la fuerza con la que cada persona se levanta todos los días a hacer lo que tiene que hacer (además de intentar controlar su glucemia).
No se ve la valentía de mirar a la diabetes de frente y decirle: “acá mando yo”.
No se ve el amor que hay detrás de una lonchera preparada con cuidado.
La red de apoyo, los abrazos silenciosos, la sonrisa después de una glucemia en rango.

La diabetes tipo 1 no define a nadie, pero sí enseña.
Enseña a conocerse, a adaptarse, a ser paciente y creativo.
Enseña que el cuerpo no es un enemigo, sino un compañero al que hay que escuchar.

También enseña a convivir con la frustración y a levantarse y seguir adelante. 


Quise ponerle palabras a esto que tantas veces uno se guarda y nisiquiera sabe cómo expresarlo. Porque hablar también es parte del cuidado.


Con amor,

Sol Bettin

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